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Jefe de Tribu recibe Sanidad después de la Oración de un Misionero

Misioneros se pusieron en manos de Dios para predicar la palabra de Dios a una remota tribu animista. Dios usó la vida de esas personas para manifestarse a través de milagros y sanidades.

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Misioneros se pusieron en manos de Dios para predicar la palabra de Dios a una remota tribu animista. Dios usó la vida de esas personas para manifestarse a través de milagros y sanidades.

Luego del ciclón Harold a principios, las carreteras en la remota isla de Pentecostés, una de las 83 que conforman la nación de Vanuatu en el Pacífico Sur, se encontraba imposibilitada para transitar.

Enfocados de ayudar y llevar alivio a las víctimas del ciclón, Sam y otros misioneros oraron para que Dios los usara, abriera puertas para compartir la Palabra de Dios y que vidas cambiaran para siempre.

“Además clamaos a Dios para que nos guiara en cada paso del camino”, comentó Sam Paris, misionero AGWM en Vanuatu.

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“Subimos a una montaña hasta el centro de Pentecostés, en el pueblo extremadamente remoto de Ratap”, aseguro el misionero. Comento que mientras hacía las presentaciones evangelística y explicaba por qué estaban allí, el jefe de la tribu abandonó el lugar. “Me di cuenta que tenia una herida abierta en el dorso de su mano. La herida tenía unos 5 centímetros de diámetro y era extremadamente profunda. Su mano estaba muy inflamada e infectada”, informó Sam.

Me di cuenta que el jefe se había ido a pescar, tratando de conseguir comida para su familia. Cuando se estaba ocupando de esa tarea en el mar, un pulpo lo atacó. “Las islas exteriores de Vanuatu no tienen atención médica, una herida infectada es mortal aquí”, dijo el misionero.

“Espíritu Santo me incitaba a orar por el jefe de la tribu”, comunicó el misionero. “Le pregunté si podía orar para que Dios sanara su mano”. Ratap no tiene acceso a ninguna iglesia y todavía sigue las creencias animistas tradicionales, pero después de evangelizarlos, el jefe estuvo de acuerdo.

Luego de unos días, regresamos a Pentecostés en un barco para alcanzar alimentos. “Cuando llegamos a Ratap, el jefe de la tribu llegó corriendo. ¡Levantó la mano, mostrándome que la hinchazón había desaparecido y que la herida abierta se había convertido en una pequeña costra!”, dijo Sam.

“El jefe me dijo que tan pronto como oramos por su herida supurante, ¡dejó de doler!”, explica Sam. El hombre le preguntó a Sam si estaba dispuesto a hacer por los demás lo que hizo por él. “Le expliqué con entusiasmo que fue Dios quien lo sanó y que estaría feliz de orar por los demás”.

El jefe lo condujo de cabaña en cabaña, donde Sam impuso sus manos sobre los enfermos y heridos, pidiendo a Dios que los sanara y diera a conocer Su presencia. El milagro del jefe fue solo el inicio, Dios se siguió manifestando en Ratap.

Fuente: impactoevangelistico

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